El golpe de la
puerta contra el marco se escuchaba hacía rato, una y otra vez golpe tras
golpe, era Mr. Bones ese perro inquieto que trataba de salir con urgencia de la
recamara, ya clareaba y él incesante empujaba, se preguntaba cómo era posible que
estuviera del lado equivocado de esa puerta, arañaba desesperado tratando de
salir, así pasaban los minutos y nada.
−
Pues entonces meteré
más mis garras a ver si eso lo despierta – pensó.
Clavo así sus garras
en la puerta y lentamente fue arrastrándolas por la madera provocando ese sonido tan estridente
que pone los pelos de punta, ese que parece entre caminar por el vidrio y
rechinar de dientes, pero ni así.
−
Voy a volverme loco.
De pronto del
otro lado de la puerta se escuchó ruido, uno de los gatos había captado el
mensaje, brinco por la barra, llego a la mesa y de la mesa al sillón, de ahí bajo
a la puerta, se asomó agazapado por debajo y vio dos patas, Mr. Bones estaba
parado detrás tratando de abrir, el gato volteo a ver a los demás y riendo
les dijo.
−
Es el gordo que quiere salir – Así llamaban de cariño a
ese perro, desde chiquito se había ganado el mote del gordo por lo esponjado de
su pelo − pero si los perros no saben abrir las puertas, ¿que pretende?
Todos se
empezaron a reír, uno de ellos se cayó del sillón de tanta risa y así a
carcajadas decidieron ayudarlo, total era de la familia. Dom el que había bajado
y visto al gordo en apuros metió la pata por debajo de la puerta para avisarle
que la ayuda había llegado, el gordo en dos patas solo vio una garra naranja
pasar por debajo de la puerta, entonces se agazapo también para hablar con él y
miro por debajo de la puerta.
−
Dom por piedad abre la puerta tu sabes cómo, esto es
muy complicado y luego con mis nervios parece que tengo dos patas izquierdas –
le susurro Mr Bones.
−
Cálmate gordo, la ayuda ya llegó, a ver cuéntame. ¿Esta
el Mofino contigo?
−
Si aquí esta, lleva media hora viéndome desde la cómoda
−
Ok entonces son dos dentro y somos tres fuera, aguanta
gordo deja ver que hacemos
−
No te tardes que esto se está poniendo cada vez peor,
ya no aguanto ¡urge! – le dijo suplicante Mr Bones
Dom subió al
sillón y habló con los demás, este es un código "pinche gordo ya no aguanta"
y tenemos que ayudarle, el Mofino está con él.
−
Al menos hay un gato dentro, porque con el estrés de
ese perro no se puede − dijo Lestat el gato más grande.
La Muffin que
era la única gata los observaba desde la ventana, ella había escuchado al gordo
hacía rato, pero no hizo nada.
–
A ver, pensemos en cómo ayudarle – les dijo Dom y los
junto alrededor – hay que abrirle, el Mofino está dentro, él que lo intente, al
fin él si es un gato y los gatos sabemos abrir.
Entonces se
volvió a asomar por debajo y llamó al otro gato.
–
¡Mofino! – le grito – Mofinito! – Porque en realidad así
se llamaba ese gato, ese nombre era herencia de su madre la Muffin que impávida
los observaba desde la ventana, se le quedó el Mofino cuando creció,
sonaba bonito el Mofinito y así dice su carnet, pero ahora es una bestia y pues
decirle Mofinito si da risa, solo lo usan en casos especiales y este era uno de
ellos. El Mofino bajó a hablar con Dom por debajo de la puerta y Dom le giró
instrucciones.
–
Mira, te subes arriba del gordo y jalas la palanca
mientras nosotros empujamos desde aquí, cuando este en posición nos avisas
¿está claro?
–
"Cristal" – dijo el Mofino, y puso manos a
la obra
–
A ver gordo cálmate, ven párate frente a la puerta y
deja que me suba, anda que yo te sacare de este apuro – el gordo ilusionado se
paró frente a la puerta y el gato subió a su lomo, el Dom ahora veía solo
cuatro patas.
–
¡Gordo no te muevas! aquí voy, me voy a subir a tu
cabeza, ¡no te muevas gordo!
–
Es imposible respondió, ya no aguanto apúrale,
¡ay! Tus garras
–
Pues no te muevas
–
Ya apúrate
–
Aguanta gordo que esto requiere concentración, que
bueno, eso es algo que tu no conoces, no entiendo porque esta palanca no baja,
baja, ¡baja maldición!
Primero lo
intento con una pata y luego con las dos y como algo desesperado se colgó, era
tal su ansiedad que con las patas traseras intentó impulsarse y le enterró las
garras al gordo, este aulló y brincó, Dom del otro lado solo vio las patas
brincar y así de pronto el gatuno cuerpo del Mofino se estrelló contra el
suelo, ¡zaz! el trancazo, hasta brinco del susto.
–
¡Soldado caído!
¡Soldado caído! – gritaba mientras Lestat desde el sillón se pasaba la pata por
su cara y con una mirada de desaprobación exclamó
–
Estos pinches gatos deben dejar de ver tantas películas
–
A ver Dom ¿qué le paso al Mofinito? – pregunto y se
acercó a la puerta para descubrir al mirar por debajo como ese gato se
levantaba aturdido
–
¿Qué nos falló? – Le pregunto al Mofino y este
respondió
–
Creo que está palanca redonda no sirve, no baja como
las demás, debe tener otro mecanismo, hay que buscar un video en youtube, es
muy complicado, te resbalas.
Los minutos
seguían avanzando mientras el gordo contenía las ganas y apretaba los dientes,
de pronto empezó un agudo sonido muy repetitivo ¡bip-bip!, ¡bip-bip!, ¡bip-bip!,
el gordo no podía más con tanto estrés y empezó a gritar
–
¡Alerta sísmica!, ¡alerta sísmica!, no grito, no corro,
no empujó, no grito, no corro no empujo – repetía.
Hasta que el Mofino
desesperado subió a la cómoda y desde ahí estiro la pata y le arrimo un mazapán
en la cabeza.
–
¡Contrólate gordo! – le grito – solo es el despertador,
ya te van abrir la puerta.
Efectivamente el
humano que habitaba esa casa despertó, el gordo veía pasar los segundos muy lentamente,
hasta que por fin aquel humano terminó su ritual para despertar, estirar la
mano, sacar un pie luego el otro, revisar su celular, sonreír, apagar la alarma
y bostezar, fue entonces cuando la puerta se abrió, el gordo se escabullo
corriendo hacia el patio trasero.
–
Ay qué alivio – exclamo
Mientras levantaba la pata y resolvía esa
imperiosa necesidad matutina.
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