7 feb 2018

Chocolate por favor

Chocolate por favor, chocolate, es que estoy entrando en pánico, solo un pedazo por favor, entro pensando rápidamente a su departamento y se sentó, abrió el cajón saco la caja y estaba vacía, maldita sea porque la guardas vacía, sus pupilas se dilataron aun mas, busco bajo el cajón, en el microondas, empezó a sentir como su cuerpo empezaba a sudar, empujo al gato y les grito a los tres, ustedes ya comieron, yo solo necesito un chocolate. Se dijo, piensa, tranquilo donde hay mas, el buró, ahí debe quedar algo, se metió a la recamara y solo encontró la envoltura, la olio pero no fue suficiente, intento impregnarse un poco con su olor pero fue inútil. ¡El escondite! Su escondite, siempre dejaba algo ahí para emergencias, se engañó pensando que no había acudido aún a ese lugar sabiendo en el fondo que ya no había nada, sin embargo lo quiso comprobar como si el mero hecho de pensarlo cambiara la realidad. Solo se acercó al bote de café que estaba en el congelador para comprobar lo que ya sabía, estaba vacío, comenzaron a temblar sus manos. Se sentó para abandonarse a esa agonía, tenía que aceptarlo, sabía que su cuerpo no soportaría más, que esta vez tendría que caminar descalzo por esa maldita isla, otra vez sentiría los garfios en el corazón de esa sensación de abandono que tantas veces había evitado, caminar así, sabiendo que aunque grites nadie escucha, que aunque llores nadie consuela, cerró los ojos y empezaron a brotar las lágrimas, una a una se le fueron escapando, se acomodó en la almohada y subió los pies, la tarde empezó a ceder su camino a la noche y el frio lo invadió. Sus pensamientos empezaron a mezclarse entre lo onírico y la realidad, no quería moverse y no sabía si soñaba o moría, los sonidos eran distantes, ruidos de una ciudad que odiaba, odiaba a todos, era un autómata, se había vuelto contra el mundo, solo un poco de chocolate, es mucho pedir, quiero sentir el amor un poco más, antes de terminar, antes de morir, como ayer. ¿Por qué se fue? Así empezó la debacle, el vértigo de su caída y su maldita culpa, porque no lo entendía, porque no había tenido el valor de jalar el gatillo y acabar de una vez por todas con tanto sufrimiento, la tuvo frente a él y no se atrevió, solo tenía que disparar y ahí hubiera terminado, pero dudo, no sabía si ella quería eso, si ella hubiera querido que la liberaran de esa manera. Una muerte es eso, muerte, no hay más, no hay más allá, no hay fantasmas, un disparo da libertad, un camino que termina, matamos así porque si, no hay mejor manera de terminar una discusión que con un disparo, un estruendo y luego silencio, se terminó la discusión. Pero la miro a los ojos y entendió que ella lo tenía que hacer, su amor era tan grande que prefería morir antes que acabar con ella, era ella la que tenía que matar al monstro que había creado. Brinco cuando escucho la puerta y recordó vagamente su sueño, no sabía que estaba pasando, no entendía porque era tan recurrente, porque ese deseo de matar sin matar, escucho los tacones subir la escalera mientras su corazón se le escapaba, era María, Mauricio te traje chocolate.

No hay comentarios: