11 mar 2018

CAPITULO I - Tan profundo como Las Marianas

– ¿Bueno?
– Hola –
– ¿Quien habla?
– Dante


Llamo para decirle a Tasha que ya había llegado. Busco estacionamiento y descendió mientras creía que esta vez si la vería, lentamente dirigió sus pasos al café, ignoraba donde estaba pero tenia las referencias necesaria para encontrarlo. Hacia una horas que se habían puesto de acuerdo. Tasha había accedido a verlo fuera de la oficina donde trabajaba, ella sugirió el café. No sabia porque lo hacia, entendía lo que Dante intentaría, lo había entendido con cada llamada que el le hacia, no se cansaba de escuchar lo mucho que ella le gustaba, había pasado tanto tiempo sin que nadie le dijera lo lindo de sus ojos, ni lo bien que se veía. Había olvidado por completo que ella también sentía, no lograba recordar la última vez que se había sentido deseada y no pertenecida. De pronto se dio cuenta que había dejado que la fantasía se hiciera realidad, que a pesar de sus compromisos y sus reglas internas había apostado por que esa fantasía jamás cruzaría la barrera de la libertad. A pesar de la guerra interior su curiosidad y necesidad de saber si existe un camino hacia la felicidad, para que salga del fondo del corazón la hacia continuar con sus pasos por la avenida que conducía al café.
Dante había encontrado el café cruzando la calle al ver la discreta entrada. Pidió un capuchino frío al entrar y pasó al fondo de la cafetería. Los minutos eran pesados para el, lentos, como si se arrastraran por el piso, se preguntaba si vendría en realidad, no sabia nada de ella solo su nombre. Trajeron el capuchino y los minutos habían sido eternos para el, de repente reconoció la silueta de Tasha.

Llego algo nerviosa y lo saludo
– Hola,
– hola creí que no vendrías
– yo también creí que no vendría – dijo ella mientras se sentaba.
Comenzaron a hablar el uno hacia el otro sin saber bien lo que decían, se miraron y se escucharon sus propias voces mientras dentro de cada uno había una parte de si que estaba como observador, el cual interrumpía el flujo continuo de la conversación para registrar y distraer sus pensamientos para cuestionar las razones de estar ahí. Dos personas, un hombre y una mujer, un café, un deseo, las mesas, la tarde en penumbra, palabras y risas.
Detrás de sus voces había una escena donde ellos platicaban sobre lo más superficial del mundo, ambos receptivos tratando de disimular lo que el lenguaje corporal indica, se atraen. Pidieron café y conversaron durante casi una hora, Dante imprimió en su cerebro la silueta de Tasha, sus labios, el timbre de su voz, noto como cambia el tono detrás de una bocina. Comprobó lo mucho que le gustaba su pelo lacio, y esa risa abierta que proyecta una franqueza de espíritu. Dentro de la cafetería había sonidos huecos, sin importancia que imprimían un toque de cotidianeidad que hacia que empezaran a sentirse cómodos. Tasha poco a poco relajo los brazos y se resbalo por el sillón, había logrado escaparse de sus demandantes responsabilidades y dedicarse una hora para ella, para sentirse libre, para salir de la implacable rutina que hace que los mas deliciosos placeres del mundo, no sean mas que un árido desierto. Había vencido la tensión de saber que deseaba Dante, lo había comprobado, la deseaba a ella. La única primera impresión había sido un éxito. Pasaron todo ese tiempo hablando y mirándose, hasta que la responsabilidad empezó a tocar la puerta de la realidad. Dentro de esa realidad donde Tasha debía volver. Se levanto y se despidió con un beso Dante la miro alejarse por el corredor para que al final quedara solo la silueta a contraluz que mostraba la figura detras de la ropa.
Tasha camino por la acera durante unos minutos hasta llegar,  mientras caminaba se preguntaba que había sucedido. Se cobijo detrás de una respuesta, nada, solo se había dado un regalo, un tiempo para ella, para sentirse linda, para dejarse rociar de una tenue lluvia de palabras que necesitaba escuchar. Mientras mantuviera bajo control sus sentimientos nada más allá de esa furtiva salida sucedería. Había llegado demasiado lejos, se dijo que todo eso no volvería a ocurrir, que ya sabia lo que quería saber, que podía despertar deseo y pasión en alguien, que había alguien entre todo ese común denominador a quien le gustaba y no lo ocultaba, que hábilmente había logrado endulzar su oído, que hacia que se sintiera viva. Pero todo llegaría hasta ahí, hasta donde le repararon la herida, hasta donde le habían dicho que estaba ese ego maltrecho que creía que había perdido. Ya estaba satisfecha y ya no tenia duda de nada, eso era todo. También sabia en el fondo que todo eso había sucedido y que ocultar lo bien que la hacia Dante sentir era tratar de tapar el sol con un dedo. Sin querer se había sentido atraída por el, sabia de lo peligroso que era descubrir esa verdad.
Cada paso que daba la devolvía a la realidad, tenia que olvidar todo lo sucedido. No contestaría ninguna llamada mas, se preguntaba si había hecho bien al darle a Dante ese tiempo. Porque solo seria ese y ningún otro. Llego a la oficina y se envolvió en las tareas que tenia pendiente, entregándose a lo cotidiano del día. Le restaban unas horas antes de irse.
Dante permaneció sentado un rato tratando de entender lo sucedido, la vio partir y se preguntaba si la volvería a convencer de salir. Salio después de pagar y con prisa regreso hasta el auto. Arranco y atravesó poco a poco el camino a su trabajo. Entre autos y semáforos se abrió camino, mientras escuchaba las canciones que se había grabado, se distrajo un poco para no pensar, busco dentro de si las razones para continuar el resto de la tarde ocupado.
Era jueves y durante el resto del día ambos se dedicaron a concluirlo, teniendo algunos destellos de recuerdos, que los hacían sonreír y que como fuego dentro de ellos intentaban apagar. Llego la noche y Tasha se vio obligada a conservar de aquel fuego tan solo una braza, que su corazón en el fondo le oculto. La oculto en una grieta que hacia tiempo sabia que existía, una grieta que dolía cuando hacia frió, cuando las noches obscuras no te dejan dormir, cuando no sabes porque estas donde estas, pero sabes que no puedes salir. Esa grieta que trataba de cubrir con una superficial costumbre, la había explorado en algunas ocasiones y sabia que era profunda mas nunca imagino que lo era como las Marianas, profunda y obscura y que era capaz de ocultarle el nacimiento de una chispa que detonaría el mas profundo sentimiento, su corazón se la oculto, ese corazón que le gritaba que estaba vivo y que se había divorciado de la razón hacia tiempo, y le había dejado el poder de sus decisiones a ella, a la insensible razón. Pero que no se negaría a morir detrás de esa lapida que decía,


Aquí yace mi corazón,
Olvido que el amor existe,
Aquí se enterraron sus felices deseos,
Olvido que algún día fue libre,
Aquí deberá quedarse hasta el final de los días,
Lo mataron las solitarias noches,
Los silencios prolongados,
Los reproches, las peleas, los celos.


El camino de regreso la despertó del sueño, la realidad que antes era solo una, ahora la colocaba en un camino que le mostraba que tenía muchas posibilidades. Oculto este sentimiento nuevamente y se decidió a obedecer la razón. Total, había decidido seguir ahí, ¿Por cuánto tiempo?

No hay comentarios: